La rehabilitación energética se basa en:
Reducir la demanda energética del edificio o vivienda mejorando su para evitar pérdidas de calor o frio al exterior. Se puede mejorar el aislamiento térmico de las, así como de las , reduciéndose significativamente los consumos de calefacción y aire acondicionado.
Mejorar la eficiencia energética mediante la implantación de equipos con altos rendimientos y menor consumo. Son diversos los equipos e instalaciones interiores susceptibles de mejora energética:
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individuales o comunitarias, sustituyendo las calderas actuales por otras de baja temperatura o de condensación y con combustibles menos contaminantes como por ejemplo el gas natural;
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- Instalaciones de más eficientes, con lámparas de bajo consumo, detectores de presencia, etc.;
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más eficientes, de clase A+ A++.
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Diversificación de y orientación a combustibles menos contaminantes e implantación de energías renovables.
La aplicación de estas medidas de rehabilitación energética en viviendas puede suponer:
Ahorros entre el 5 y el 20% en el consumo de energía.
Disminuciones entre el 10 y el 30% en las emisiones de CO2 por edificio.
Ahorros anuales en la factura de energía entre 800 y 2.600 € por vivienda. La tendencia apunta a que estos ahorros sean superiores en los próximos años, dado el continuo incremento de los precios de la energía que venimos sufriendo.
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